Comprendo que soy un filo que intimida.
Y desde entonces titubeas la mañana.
Se que no soy la única salida
Pero sabes también que hoy nos toca.
Hay que darse permiso para sentir,
Hay dejar salir esos demonios.
Es preciso enfilar los labios rosados,
Hay que rozarse para partir.
Desglosados los cuerpos de sus almas, somos azules inviernos de abril.
Hay que unir tu lengua y la mía,
Hacer que el fuego salpique sin abrir
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