Pensando que era el brillo, creyendo que eran tus ojos. Me provoque un delirio inmenso, dolor quemante.
Después me inclino y beso tu piel, después de recordar tus manos amoldadas a mi, entonces sé que era abril, cuando vi por primera vez tu cuello suave y blanco invadido por esos vellos negros y lustrosos.
Alma quebrantada por no verte seguido... Garganta seca que aguanta tortura por no olerte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario